Naturalizándome

La naturaleza es muy sabia. Sabe que se necesita una noche para que un nuevo día comience y sabe que se necesita un buen descanso durante esa noche para un buen rendimiento durante ese nuevo día. El problema es que yo no soy tan sabia y por mucho tiempo uno de mis lemas fue: dormir no es una necesidad sino un lujo.

Hacía de la noche día y del día noche. No faltaba alguna emoción o alguna preocupación que me quitara el sueño, alguna tarea inconclusa o algún trabajo pendiente que me impidiera el descanso, alguna fiesta, algún concierto o alguna película que me invitara al desvelo. Tampoco faltaba la dormitada en alguno de los camiones que tomo durante el día, la cabeceaba en alguna de las clases o el bostezo en alguna de las juntas. Era de esperarse que necesitara de todo tipo de bebidas y alimentos para mantenerme despierta y que con frecuencia prefiriera tomar una siesta a comer.

Pedía días de 36 horas pues 24 horas no eran suficientes. No me era posible asistir a la clase, ir al trabajo, pasear con los perros, hacer la tarea, avanzar el proyecto, estudiar para el examen, ir al cumpleaños de mi amigo y dormir debidamente 8 horas en un sólo día. No me alcanzaba el tiempo.

Un desorden me llevó a otro. No dormía a mis horas y no comía a mis horas. Pero eso sí, me enfermaba puntualmente al día siguiente del que descansaba si no es que el mismo día. Así supe que existía algo llamado "estrés muscular" cuyo principal síntoma es dolor en todo el cuerpo (brazos, piernas, espalda, cuello e incluso cabeza) sin razón aparente. Así también supe que había tocado fondo.

Un buen día platiqué con mi papá y entendí el por qué de algunas cosas. Él me dijo lo que muchos me habían dicho ya, pero me dio razones que nadie me había dado antes. Me dijo que por algo en la noche hay oscuridad y en el día hay luz: "sin luz no se puede hacer nada, la luz se necesita para todo". Me dijo que el tiempo es exacto: "el tiempo no se detiene pero tampoco se va de prisa". Y me retó a probar una semana durmiendo antes de las 12am y despertando después de las 5am, hubiera o no terminado lo que tenía que hacer. Esa semana dormí profundamente, desperté completamente relajada y soñé o al menos recordé mis sueños, cosas que rara vez me sucedían, sin mencionar que el día me rindió hasta para sentarme a ver televisión.

Ahora cuando me amenaza el insomnio escucho la voz de mi papá, como si fuera la voz de mi consciencia, diciéndome: "¡duérmete! ya no vas a hacer nada ahorita... ya no te preocupes hoy, ya te ocuparás mañana". Ahora duermo como la naturaleza manda.