Comunicándome

Solía argumentar que ocultar no era mentir pues solía creer que no todo lo que es verdad debe ser sabido. Solía razonar así hasta que comprendí, por las buenas pero sobretodo por las malas, que por más insignificante que sea algo, mientras sea verdad, tarde o temprano se sabrá.

Cuando ocultaba algo manipulaba a las personas porque sólo sabían lo que quería que supieran y no les daba la oportunidad de saber más allá. Cuando ocultaba algo era como si limitara a las personas a leer sólo algunos capítulos de un libro o a ver sólo algunos fragmentos de una película. Lo faltante influía en el pensar y en el sentir de esas personas respecto a ciertas cuestiones y determinaba sus reacciones ante ciertas circunstancias.

Pero, ¿por qué diría algo a medias y no completo? Quizás porque pretendía ahorrarle algún disgusto a alguien. Quizás porque al ocultar ciertos elementos o al omitir ciertos detalles intentaba quitarle poder a otros sobre mí. Quizás porque no quería quedar completamente vulnerable ante alguien. Quizás porque quería protegerme a mí misma. O quizás no decía las cosas como son no porque no quisiera sino porque no sabía cómo hacerlo.

Bueno, pero, ¿por qué no sabría cómo decir algo si sólo son palabras en voz alta? Tal vez por las inseguridades que me habían y me había creado con el tiempo. Tal vez por las experiencias que me habían enseñado que hablar traía muchos problemas y callar evitaba muchos de esos conflictos.

En variadas ocasiones me habían dicho frases como "no tengo tiempo para escucharte" o "no me importa lo que tengas que decirme". En muchas otras ocasiones no había sido necesario que me lo dijeran porque con la actitud me habían expresado ese "ya cállate" que tanto detesto. Y es por eso que en tantos momentos había optado por callar para no quitarles el tiempo con mis ideas, no molestarlos con mis problemas, no contradecirlos con mis opiniones, no oponerme a sus planes con los míos, no iniciar discusiones ni alegatos y, principalmente, para no dar explicaciones. Sin embargo, las más recientes experiencias me han enseñado que callar no resuelve nada pues sólo se pospone y se acumula lo inevitable: decir la verdad.

Ahora entiendo que aunque ocultar no es precisamente mentir, tampoco es exactamente decir la verdad. Ahora entiendo que la tensión que sentía antes de confrontar a las personas desaparece con la liberación que siento después de decir la verdad. Y ahora sé que aún cuando haya veces en las que no sepa bien cómo decir las cosas, es mejor decirlas a callarlas.