Una borreguita en año nuevo

Eran las 20:05 cuando la vi llegar a la iglesia y sentarse justo frente a mí. Era una bebita muy hermosa vestida de borreguita que atrajo mi atención, una bebita que me veía con gran detenimiento. Me observaba sin parpadeos, sin gestos, solamente sus ojos fijos en mí. Le sonreía, le hacía caras, me escondía detrás de mi papá, la observaba como ella a mí y su mirada seguía fija en mí. Por momentos volteaba hacia las luces del árbol navideño, hacia el niño que había comenzado a llorar, hacia el coro que había empezado a cantar y luego volvía su mirada hacia mí. La mamá se empeñaba en distraer a su hijita pero su mirada seguía firme en mí. Pasó de los brazos de la madre a los brazos de la abuelita y su mirada seguía en mí.

Era una mirada demasiado intrigante, hasta cierto punto intimidante, una mirada incesante que desvió mi concentración y me hizo divagar tratando de entenderla. Pero nadie podía comprender la razón por la que me observaba de esa manera, sólo ella lo sabía.

¿Por qué me miraba así?, ¿qué le llamaba la atención?, ¿qué quería decirme?, ¿qué quería de mí?... ¿Sería tal vez alguna señal que debía interpretar?, ¿sería algún mensaje que debía descifrar?... No lo sé realmente. Lo único cierto es que esa pequeña niña me sorprendió por su capacidad de admirar todo lo que pasaba a su alrededor y por su capacidad de observar a alguien tanto tiempo sin inmutarse, esa pequeña borreguita fue capaz de transmitirme una gran felicidad, una gran inocencia y una gran tranquilidad.