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Mostrando las entradas de enero, 2011

Casa-ciones

Existe un lugar que suele ser fresco durante el verano y helado durante el invierno, un lugar que habla ruidosamente al despertar y calla silenciosamente al dormir, un lugar que huele a pan recién horneado por las mañanas y a chocolate caliente por las noches. Existe un lugar que me recuerda mi esencia y al que recurro para tomar la fortaleza para seguir adelante. Existe un lugar al que por muchos años he llamado mi hogar. Si bien en ocasiones he sentido que ya no pertenezco a ese lugar, que ya no es mi casa y que quedarme más tiempo ahí sería casi imposible, en ocasiones también he sentido que ése es el único lugar en el que puedo ser realmente yo y que los días que paso ahí son insuficientes. Por eso, aún cuando haya crecido y haya cambiado, esa casa será siempre mi hogar, esa casa será el lugar al que eventualmente siempre regresaré aunque sea sólo en vacaciones.

Una bella ilusión

Los árboles navideños siempre me han atraído. La combinación de esferas, listones, moños y demás adornos me fascina. Las luces que envuelven a un árbol, esos foquitos que se prenden y apagan con un ritmo peculiar, me hipnotizan de tal manera que puedo pasar horas frente a un árbol o acostada debajo de uno admirando su grandeza. Hay un día del año en particular en el que los árboles navideños adquieren un significado especial para mí, un día del año en el que los adornos parecen bailar al compás de las luces y éstas parecen brillar más que de costumbre. Es la madrugada del 6 de enero el momento en que lo ordinario se transforma en extraordinario. Mis padres siempre se habían preguntado por qué yo no me emocionaba y me alocaba como mi hermano lo hacía - y lo sigue haciendo -, y es que había algo que nunca habían podido entender: más que los juguetes, los chocolates, los peluches, la ropa, los zapatos o lo que fuera que los reyes magos nos hubieran dejado, lo que yo más disfrutaba – y...

Una borreguita en año nuevo

Eran las 20:05 cuando la vi llegar a la iglesia y sentarse justo frente a mí. Era una bebita muy hermosa vestida de borreguita que atrajo mi atención, una bebita que me veía con gran detenimiento. Me observaba sin parpadeos, sin gestos, solamente sus ojos fijos en mí. Le sonreía, le hacía caras, me escondía detrás de mi papá, la observaba como ella a mí y su mirada seguía fija en mí. Por momentos volteaba hacia las luces del árbol navideño, hacia el niño que había comenzado a llorar, hacia el coro que había empezado a cantar y luego volvía su mirada hacia mí. La mamá se empeñaba en distraer a su hijita pero su mirada seguía firme en mí. Pasó de los brazos de la madre a los brazos de la abuelita y su mirada seguía en mí. Era una mirada demasiado intrigante, hasta cierto punto intimidante, una mirada incesante que desvió mi concentración y me hizo divagar tratando de entenderla. Pero nadie podía comprender la razón por la que me observaba de esa manera, sólo ella lo sabía. ¿Por qué m...

Cambios

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Cambiar es una de las decisiones más difíciles. Es complicado distinguir qué cambio hacer, es complicado aceptar la pérdida que siempre lleva consigo y es aún más complicado reconocer que ha llegado el momento de hacerlo. No es nada fácil saber si eres tú quien debe cambiar de actitud, si es ese alguien que te ocasiona problemas cruzándose constantemente en tu camino y no dejándote avanzar quien debe cambiar, o si es el entorno lo que debes cambiar. No es nada fácil renunciar a un trabajo, irse a vivir a otra ciudad, despedirse de la familia o de los amigos, decirle adiós al ser amado. No es nada fácil darse cuenta que es necesario darle un giro a tu vida porque hay algo que no está del todo bien. Cambiar no es nada fácil, sin embargo, oponerse sólo trae más complicaciones. Al final sólo hay dos opciones: cambiar o acostumbrarse a vivir con ese mal que causa tanto sufrimiento. Por eso, los cambios son esas oportunidades disfrazadas que la vida siempre da para aprender. Por eso, n...