Lluvia
Los días lluviosos suelen ser muy contrastantes para mí: me divierto caminando bajo la lluvia, brincando en los charcos y mojándome sin preocupación alguna; o me contagio de esa nostalgia que un cielo gris siempre trae consigo. A veces, lo segundo ocurre con más frecuencia de la que quisiera.

Algo tienen esos días que irremediablemente me invaden los recuerdos. Pienso en quien tanto extraño, pienso en los momentos que pasamos juntos y, por si eso no bastara, pienso en la distancia que ahora existe entre nosotros. Algo tienen esos días que inevitablemente le abro la puerta a la melancolía que nunca viene sola y que siempre llega con una mezcla de sentimientos encontrados, una serie de pensamientos absurdos, un nudo en la garganta y una necesidad enorme de un abrazo.
Pero, bien dice el dicho: para un arco iris hace falta un poco de lluvia.

Algo tienen esos días que irremediablemente me invaden los recuerdos. Pienso en quien tanto extraño, pienso en los momentos que pasamos juntos y, por si eso no bastara, pienso en la distancia que ahora existe entre nosotros. Algo tienen esos días que inevitablemente le abro la puerta a la melancolía que nunca viene sola y que siempre llega con una mezcla de sentimientos encontrados, una serie de pensamientos absurdos, un nudo en la garganta y una necesidad enorme de un abrazo.
Pero, bien dice el dicho: para un arco iris hace falta un poco de lluvia.