Precaución: familia trabajando

Hacer algo en familia es sinónimo de presenciar un espectáculo inolvidable. Una familia reunida, por el motivo que sea, es el factor clave para experimentar toda la gama de emociones pues nunca faltan los gritos, los llantos, las lágrimas, las miradas silenciadoras, las sonrisas, las carcajadas...

Ahora bien, trabajar en familia es como jugar videojuegos en el nivel avanzado. Es sólo para expertos. Es algo que entienden a la perfección sólo aquellos cuyos padres son dueños de un comercio – zapatería, boutique, perfumería, papelería, librería... – y cuya infancia transcurrió dentro de un establecimiento.

Prácticamente el negocio se transforma en tu casa. Tu escritorio para hacer tareas es un mostrador o una mesa improvisada en la bodega. Tus juguetes para entretenerte son unas cajas de cartón vacías que más tarde se irán a la basura. Tus amigos son el hijo de los señores de "Rody", la hija de los señores de "Osiris", los niños de los señores de "Banana", las niñas de los señores de "Lilia" y los gemelos de los señores de "D’ Barón". Las vacaciones en las que te levantas a la hora que quieres, pasas las mañanas viendo televisión y empleas las tardes jugando en la calle, son una fantasía. Eventualmente el negocio se convierte en tu vida. Tus horarios, tus comidas, tus descansos, tus viajes, todo gira entorno a éste.

Quizás creas que tener un negocio familiar es de lo más agotador, y sí lo es, pero también es de lo más satisfactorio sobretodo cuando toda la familia está involucrada. Aún recuerdo aquel día de temporada alta en el que se esperaban muchos clientes, muchas ventas, mucha faena y poco ocio. Aún tengo presente aquel día en el que mi familia y yo estuvimos trabajando juntos, sólo nosotros, nadie más. Ese día cada quien hizo lo suyo, lo que sabe hacer mejor: uno estaba en caja cobrando, otro sacaba y acomodaba la mercancía en bodega, una recibía al cliente y le ofrecía la variedad de modelos, y otra le daba el toque de amabilidad y confiabilidad que la mayoría de los clientes buscan. Ese día fue uno de los mejores para el negocio porque la confianza, la comunicación y la coordinación que logramos entre nosotros, contribuyeron a cumplir el objetivo: que el cliente se fuera feliz. Ese día también fue de los más especiales para mi familia porque, a pesar del cansancio, nos quedamos con una sensación de dicha tan vívida que es difícil de describir con palabras.

Por eso, una familia trabajando es un punto y aparte, es un espectáculo no apto para cardíacos, es un nivel avanzado de convivencia familiar.