¿Para qué soy buena?

Generalmente responder esta pregunta por uno mismo es algo complicado, porque estamos más acostumbrados a criticarnos por nuestros errores que a elogiarnos por nuestros aciertos. Sin embargo cuando le preguntamos a quienes nos rodean y realmente nos conocen, las respuestas que podemos recibir son tan diversas como interesantes.

Hace poco hice el experimento de pedirles a ciertas personas que me dijeran pa' qué soy buena y los resultados obtenidos fueron muy reveladores. Todos, absolutamente todos, coincidieron en algo: eSCuCHaR. No obstante lo más revelador fue descubrir que hay quienes perciben aquello que creí que no era perceptible, quienes admiran aquello de lo que carecen, quienes aprecian aquello en lo que nos parecemos, quienes ya no me conocen tanto y quienes me conocen más de lo que imaginaba, quienes razonan mucho lo que me dirán y quienes me lo dicen sin pensar.

En fin, es cierto que en ocasiones es necesario que nos digan nuestros defectos para corregirlos, pero también es cierto que en ocasiones necesitamos que nos digan nuestras virtudes para darnos cuenta de nuestra grandeza y por qué no hasta para levantarnos el ánimo.