Madre naturaleza

Lluvia, granizo y viento, qué más puede pedir uno para una pequeña caminata del trabajo a la casa. Normalmente caminar bajo la lluvia es algo que disfruto mucho, lo encuentro relajante y con cierto tinte reflexivo. Pero si la lluvia es tan intensa que no sólo trae consigo gotas de agua sino también pedazos de granizo, esas bolitas de hielo que caen del cielo como proyectiles, entonces ya no es tan agradable el trayecto. Y si a esto le agregamos un viento capaz de mover árboles y arrancar algunas ramas de los mismos, es incluso algo arriesgado continuar caminando.

¿Estoy loca? Sí, un poco, pero no lo hice por locura. Cuando salí de mi trabajo la lluvia apenas era llovizna. A mitad de mi camino empezó el granizo. Poco antes de llegar a mi casa se hizo presente el viento. Nunca me había percatado que en ningún punto de mi recorrido diario hay algún techo/pestaña que sirva de refugio y sí varios árboles que pueden convertirse en armas letales en momentos como éste.

P.D. Por si les interesa, llegué a mi destino sana y salva aunque empapada al grado de exprimir. Eso sí, mi mochila es impermeable - no lo sabía - y ninguna hoja de papel dentro de ella sufrió daños en esta aventura.