Época decembrina

Odio la época decembrina. No me malinterpreten. Me encantan las luces navideñas que adornan cada casa con un estilo particular, los árboles de tamaños impresionantes que se pueden admirar en cada centro comercial y las posadas interminables del trabajo o de la escuela que no son más que un pretexto más para salir de fiesta todos los días.

Lo que ya no disfruto tanto es lo familiar que tienen estas fechas. No es que no quiera estar con mi familia, al contrario, extraño tanto estar juntos que me pesa el recuerdo de los viejos tiempos. Extraño esos días en los que al regresar del trabajo había alguien a quien platicarle lo bueno o lo malo del día, en los que los cuatro nos sentábamos a cenar alrededor de la misma mesa y en los que nos dormíamos tarde viendo alguna película. Quizás los extrañe más ahora porque parece que mi hermano tiene asuntos más importantes que atender como una salida con sus amigos que una llamada con su hermana. Quizás los extrañe más hoy porque pienso en ese par de viejos que no han hecho más que apoyarme y yo no he hecho más que decepcionarlos. Quizás los extrañe más en estos momentos porque cada que hablamos es pleito, regaño, sermón o la misma cantaleta de siempre. Quizás los extrañe porque simple y sencillamente son mi familia.

Odio diciembre porque nosotros crecimos, porque nuestras obligaciones cambiaron y porque no podemos vivir estos días juntos. Odio estas fechas por los recuerdos pero sobre todo por los cambios, esos por los que nada es como antes y nada volverá a ser como era.

"Ya que" me diría mi jefa. Así es esto llamado vida.