El desconocido
Es un día como cualquier otro, salgo de mi casa y me dirijo hacia la parada del camión. Supongo que es un día como cualquier otro también para él, que llega a la parada minutos después que yo. Pasa el primer camión y éste nos ignora. Pasa el segundo y éste también nos ignora. Él me mira, yo lo miro y sonreímos mientras deseamos que el siguiente camión sí nos haga caso. Al parecer, nuestro afán surte efecto en el conductor del tercer camión porque éste sí se detiene. Me subo, pago mi pasaje y me percato que no hay asientos libres. Voy haciéndome a la idea de que será uno más de esos viajes en los que me toca ir parada, cuando una señora y su hijo le hacen la parada al conductor y se bajan poco después de que habíamos subido. Los asientos ahora desocupados son esos dos en el fondo y en la orilla que casi nadie quiere por lo complicado que es sentarse ahí. Me siento, pues soy de esos pocos a quienes no les importa el lugar mientras no sea preferencial, y observo que él se ha quedado par...