No somos piezas, somos rompecabezas completos
Alguna vez leí en algún lugar que las personas no somos piezas sino rompecabezas completos. Por ti esas palabras tienen sentido para mí.
Hubo momentos en los que me sentí tan feliz que las palabras no fueron suficientes para expresar esa felicidad. No te busqué ni te esperé, pero llegaste para quedarte. Fuiste el hombre a mi altura, el hombre de mis sueños, el hombre casi perfecto. Fuiste con quien me sentí como una princesa de un cuento de hadas con príncipe azul y con final feliz. Fuiste por quien me pregunté constantemente qué habré hecho para merecer a alguien como tú. Me ofreciste lo que necesitaba cuando más lo necesitaba. Me diste todo a manos llenas. Me trataste como nunca lo habían hecho. Fuiste el ejemplo de novio, a tal grado que algunos quisieron usar tu estrategia y ser como tú.
Sin embargo, hubo circunstancias en las que me sentí tan afligida que la voz no fue capaz de pronunciar esa angustia. Me cansé de tantos dramas, tantas inseguridades, tantas discusiones, tantas reclamaciones, tantas explicaciones y tantos argumentos repetitivos. Me cansé de tu excesiva dependencia. Me cansé de tus numerosas complacencias. Me cansé de tus incongruencias entre lo que piensas y lo que haces, decías "el ayer es historia, el mañana es misterio, pero el hoy es un regalo por eso se llama presente" cuando eras el primero en recordarme cada error cometido desde el día en que me conociste, decías "cada quien da lo que tiene para dar; si yo diera más y después me molesto porque no me lo devuelven sería culpa mía, si yo diera menos estaría siendo egoísta" cuando uno de tus reproches siempre fue y será que nunca te di lo que tú me diste. Y me cansé aún más de tratar de decirte todo y no ocultarte nada sin que lo tomaras tan personal. Ahí estuvo el mayor problema entre tú y yo: tú no supiste escuchar y yo no supe hablar.
Podría hacer una gran lista de todas tus cualidades y relatar todos los buenos momentos, pero también podría hacer una lista de todos tus defectos y narrar todos los malos ratos. Desafortunadamente no somos sólo piezas y lo malo pesó más que lo bueno.
La verdad es que podrían verme sonreír, salir con mis amigos, divertirme cada fin de semana y disfrutar mi vida diaria, pero la neta es que te sigo soñando, te sigo pensando, te sigo extrañando, sigo queriendo saber de ti, sigo dedicándote cada canción que escucho, sigo queriendo verte, hablarte o por lo menos escribirte, sigue afectándome el hablar de ti, y me sigue dando coraje tu actitud de víctima y quizá por eso aún siga llorándote. Y sí, esto sí es para ti aunque es por mí.
Hubo momentos en los que me sentí tan feliz que las palabras no fueron suficientes para expresar esa felicidad. No te busqué ni te esperé, pero llegaste para quedarte. Fuiste el hombre a mi altura, el hombre de mis sueños, el hombre casi perfecto. Fuiste con quien me sentí como una princesa de un cuento de hadas con príncipe azul y con final feliz. Fuiste por quien me pregunté constantemente qué habré hecho para merecer a alguien como tú. Me ofreciste lo que necesitaba cuando más lo necesitaba. Me diste todo a manos llenas. Me trataste como nunca lo habían hecho. Fuiste el ejemplo de novio, a tal grado que algunos quisieron usar tu estrategia y ser como tú.
Sin embargo, hubo circunstancias en las que me sentí tan afligida que la voz no fue capaz de pronunciar esa angustia. Me cansé de tantos dramas, tantas inseguridades, tantas discusiones, tantas reclamaciones, tantas explicaciones y tantos argumentos repetitivos. Me cansé de tu excesiva dependencia. Me cansé de tus numerosas complacencias. Me cansé de tus incongruencias entre lo que piensas y lo que haces, decías "el ayer es historia, el mañana es misterio, pero el hoy es un regalo por eso se llama presente" cuando eras el primero en recordarme cada error cometido desde el día en que me conociste, decías "cada quien da lo que tiene para dar; si yo diera más y después me molesto porque no me lo devuelven sería culpa mía, si yo diera menos estaría siendo egoísta" cuando uno de tus reproches siempre fue y será que nunca te di lo que tú me diste. Y me cansé aún más de tratar de decirte todo y no ocultarte nada sin que lo tomaras tan personal. Ahí estuvo el mayor problema entre tú y yo: tú no supiste escuchar y yo no supe hablar.
Podría hacer una gran lista de todas tus cualidades y relatar todos los buenos momentos, pero también podría hacer una lista de todos tus defectos y narrar todos los malos ratos. Desafortunadamente no somos sólo piezas y lo malo pesó más que lo bueno.
La verdad es que podrían verme sonreír, salir con mis amigos, divertirme cada fin de semana y disfrutar mi vida diaria, pero la neta es que te sigo soñando, te sigo pensando, te sigo extrañando, sigo queriendo saber de ti, sigo dedicándote cada canción que escucho, sigo queriendo verte, hablarte o por lo menos escribirte, sigue afectándome el hablar de ti, y me sigue dando coraje tu actitud de víctima y quizá por eso aún siga llorándote. Y sí, esto sí es para ti aunque es por mí.