La sonrisa de las buenas noches

Aún recuerdo que eras solamente alguien a quien encontraba cuando paseaba al perro, alguien con quien me topaba en el camino, alguien de quien recibía un afecuoso saludo noche tras noche. Me esperabas a la misma hora, me veías desde que cruzaba la calle, incluso dejabas de atender el pedido de algún cliente hambriento y te acercabas apresuradamente a saludarme. Siempre estabas ahí. Sin querer queriendo me alegraba al verte y me entristecía al no hacerlo. Sin querer queriendo me emocionaba tu existencia. Sin querer queriendo el objetivo de salir ya no era pasear al perro sino pasar frente a ti para escuchar tu cautivador buenas noches y ver tu encantadora sonrisa. Todo sucedía en tan sólo un instante pero cada segundo valía la pena pues ese detallito era capaz de cambiar un día tormentoso en un día soleado.

Pero ya no estás ahí. Te has ido sin despedirte, te has marchado sin aviso, te has desvanecido sin dejar rastro alguno. Pasar por ahí ya no es lo mismo sin ti. He de confesarte que te extraño.

Tu nombre sigue siendo un misterio, tu rostro es una imagen difusa, pero tu voz y tu sonrisa son un recuerdo grabado en mi memoria. ¿Ahora dónde buscaré la sonrisa de la buenas noches?