Parqueando
El actual ritmo de vida pocas veces me ofrece la oportunidad de ir a un parque, en muchas ocasiones paso por algunos pero pocas veces tengo el tiempo de quedarme. Sin embargo, movida por un impulso decidí darme esa oportunidad. Me senté en una de las bancas de un parquecito, sin preocupaciones ni presiones quise disfrutar del entorno y me quedé observando todo lo que ocurría en ese lugar.
Había personas que iban a hacer su ejercicio matutino, algunas caminando, otras corriendo y algunas otras en sus bicicletas. Había personas que salían a caminar con sus mascotas que hacían fiesta al encontrarse con los demás perros vecinos del parquecito. Había también quienes sacaban a pasear a sus hijos en sus carreolas y quienes sacaban a pasear a sus padres, cansados ya por la edad, en sus sillas de ruedas. Había señoras que iban a alimentar a las palomas y señores que iban a leer. Había indudablemente niños que iban a jugar a la pelota con sus amigos. Había quienes iban a platicar y quienes simplemente iban a tomar aire fresco con sus parejas. Todas esas personas acudían a ese parque quizás por rutina, cumpliendo con alguna actividad de sus ajendas. Sin embargo, había algunos que iban al parque sin motivo aparente, no iban acompañados ni esperaban a alguien, simplemente se sentaban en una de las bancas y veían pasar el tiempo. ¿Serían personas sin quehacer?, ¿irían a refugiarse del estrés de sus vidas?, ¿irían a ser absorbidos por sus pensamientos y sus reflexiones?, ¿serían locos como yo que se sentaban a contemplar el lugar? o ¿serían de los pocos afortunados con la oportunidad de ir a un parque por gusto y nada más?
Entre las voces, las risas, los misterios, el cantar de las aves y el crujir de las hojas pisoteadas se me fueron las horas. Me senté cuando el sol aún proyectaba la sombra de los árboles y me levanté cuando la luna iluminó las ramas de los mismos. Espero pronto volver a disfrutar la experiencia de ir a un parquecito.
Había personas que iban a hacer su ejercicio matutino, algunas caminando, otras corriendo y algunas otras en sus bicicletas. Había personas que salían a caminar con sus mascotas que hacían fiesta al encontrarse con los demás perros vecinos del parquecito. Había también quienes sacaban a pasear a sus hijos en sus carreolas y quienes sacaban a pasear a sus padres, cansados ya por la edad, en sus sillas de ruedas. Había señoras que iban a alimentar a las palomas y señores que iban a leer. Había indudablemente niños que iban a jugar a la pelota con sus amigos. Había quienes iban a platicar y quienes simplemente iban a tomar aire fresco con sus parejas. Todas esas personas acudían a ese parque quizás por rutina, cumpliendo con alguna actividad de sus ajendas. Sin embargo, había algunos que iban al parque sin motivo aparente, no iban acompañados ni esperaban a alguien, simplemente se sentaban en una de las bancas y veían pasar el tiempo. ¿Serían personas sin quehacer?, ¿irían a refugiarse del estrés de sus vidas?, ¿irían a ser absorbidos por sus pensamientos y sus reflexiones?, ¿serían locos como yo que se sentaban a contemplar el lugar? o ¿serían de los pocos afortunados con la oportunidad de ir a un parque por gusto y nada más?
Entre las voces, las risas, los misterios, el cantar de las aves y el crujir de las hojas pisoteadas se me fueron las horas. Me senté cuando el sol aún proyectaba la sombra de los árboles y me levanté cuando la luna iluminó las ramas de los mismos. Espero pronto volver a disfrutar la experiencia de ir a un parquecito.