Hogar, dulce hogar

No me había percatado que había pasado mucho tiempo fuera de casa hasta ayer cuando quise despertarme más tarde de lo habitual y simplemente no pude hacerlo. Ya había olvidado lo ruidosa que puede ser una mañana, lo cotidiano que puede ser escuchar personas desde muy temprano y lo imposible que puede ser quedarse dormida después de cierta hora.

Mi tan anhelado descanso se vio interrumpido por el teléfono, el timbre y los peculiares gritos matutinos: ¡ya levántate!, ¡báñate ya!, ¡tiende esa cama!, ¡hay que hacer el desayuno!, ¡¿quién me lleva?!, ¡ya es tarde!… Después de todo sólo pude sonreír y recordar que había regresado a mi dulce hogar.