Por una maleta

Cuando alguien no tiene un automóvil ni presupuesto para pagar un taxi, el medio de transporte más accesible es el camión. Viajar en camión es una aventura casi siempre desagradable, pero viajar en camión en la noche con MALETA EN MANO es razón suficiente para vivir una aventura no apta para cardíacos. La historia ocurrió más o menos así:

Me quedaría a dormir en casa de una amiga pues al día siguiente tendríamos campamento, debíamos salir temprano y mi casa está retirada del lugar del cual saldríamos.
Eran aproximadamente las 8:00 de la noche, llevaba una maleta un poco pesada en mis manos y una mochila "pansona" en mi espalda.

Caminé hacia la parada del primer camión que abordaría donde tuve que esperar casi media hora acompañada por tipos de apariencia poco amigable que esperaban el mismo camión que yo. Al abordar el camión me percaté que todos los pasajeros eran del sexo masculino, casi todos mayores de 40 años excepto uno que parecía ser más joven. Tomé asiento en la parte trasera del camión y el tipo joven se cambió de lugar sentándose junto a mí.

  • ¿De viaje? - preguntó sonriéndome
  • Algo así - respondí temerosa
  • Yo viajaba mucho antes. Yo no soy de aquí, soy de Veracruz, del puerto. ¿Tú eres de aquí?
  • No, también soy foránea
  • ¿De dónde eres?, ¿de Nayarit?, ¿de Michoacán?... La mayoría de los foráneos son de esos lugares
  • De Michoacán - le contesté sin vacilar
  • Yo conozco casi todo Michoacán, he ido a Lázaro Cárdenas, Pátzcuaro, Uruapan, La Piedad, Morelia, Ecuandureo... Por mi trabajo tenía que andar por aquellos lugares, ¿tú trabajas? - insistía en conversar conmigo
  • Si - le contesté sin pensarlo
  • ¿Dónde?
  • En Intel - fue lo primero que se me vino a la mente
  • ¡Ah!... ¿Y por qué no te acompaña tu esposo?, ¿estás casada?
  • No, no estoy casada - respondí desconfiando aún más de sus intenciones
  • ¿Y tienes novio?
  • Sí - mentí tratando de librarme de él
  • ¿Cuándo regresas?
  • Es sólo el fin de semana
  • Supongo que vas a la central, ¿qué camión tomas o dónde te bajas?
  • Bajo en periférico
  • Ah, ya casi llegamos a tu parada... ¿Cómo me dijiste que te llamas?
  • No te dije, me llamo Ana
  • Mucho gusto Ana, yo soy Florentino pero me dicen Tino
  • Mucho gusto. Aquí me bajo - dije rogando que no quisiera bajarse conmigo =S
  • Que te vaya bien Ana, fue un placer conocerte. A ver si nos encontramos después, yo siempre tomo esta ruta - me dijo felizmente
  • Se acercó a mí como para despedirse con un beso en la mejilla y por cortesía me acerqué a él. Pero el beso no fue precisamente en la mejilla, fue un beso cerca de mis labios, muy cerca de hecho. Le dije hasta luego y me bajé.

La siguiente ruta de camión que debía tomar al parecer es muy solicitada a esas horas de la noche. Llegaban los camiones a la parada y bajaban pasajeros pero éstos seguían viéndose repletos de personas, sin espacio para un alma más, sin espacio para alguien con una maleta y una mochila. Dejé pasar varios camiones pero cada minuto que pasaba se oscurecía más y se alejaba de mí la posibilidad de tomar un camión decente. Llegó nuevamente otro camión y todos los que lo esperaban se amontonaron en la puerta delantera. Si quería irme y alcanzar camión debía hacer algo, así que me subí por la puerta trasera del camión. Traía la maleta colgada de mi hombro y la mochila colgada en la espalda, no podía ponerlas en ningún lugar.
En una parada se subieron 5 tipos por la puerta trasera y como ninguno quiso quedarse abajo uno de ellos tuvo que ser apachurrado por la puerta, iba con medio cuerpo adentro y medio cuerpo afuera. En la siguiente parada los 5 tipos tuvieron que bajarse para que otros pasajeros que bajaban ahí pudieran hacerlo, yo con mis cosas obstruía la salida pero no podía ni pensaba moverme así que la bajada fue más lenta de lo usual. El camionero no se dio cuenta de lo que ocurría y arrancó dejando a 3 de los 5 tipos abajo.
En otra parada se bajó una familia pero una de las niñas llevaba una mochilita que se atoró con mi maleta. La mamá, que había presenciado como el conductor ignoraba si ya habían bajado o subido las personas, jalaba a su hija con cierta desesperación. El papá hizo a un lado a la mamá y jaló con mayor fuerza llevándose no sólo a la niña sino también mi brazo. Fue un muchacho quien nos ayudó a desatorar la mochilita de la niña de mi maleta y me regresó mi brazo.
La parada donde yo me bajaría es parada común, muchos se bajarían ahí. Todos hacían esfuerzos sobrehumanos para empujarme y lograr descender del camión pero ninguno me permitía bajar y facilitarles la salida. Estando yo casi en la puerta creí que sería la primera en bajar pero fui la última.

El último camión que tomé fue una bendición. Había suficientes asientos disponibles, los pasajeros no eran sólo del sexo masculino y el conductor era de los pocos conscientes de que traen personas y no animales.

Después de 2 horas de haber salido de mi casa y 3 camiones abordados, llegué a mi destino VIVA y COMPLETA!!