Fuiste tú

Todo comenzó aquel momento en que te vi por primera vez. No sabía quién eras, no sabía tu nombre, ni siquiera sabía que existieras, pero ahí estabas tú. Nuestras miradas se cruzaron y el resto fue inevitable.

Alguien nos preguntó ¿ya se conocen? y ambos contestamos que no. Tú dijiste tu nombre y yo el mío, y así empezamos una extraña conversación. ¿De qué hablamos? no lo recuerdo, sólo recuerdo que no podía dejar de observarte, algo dentro de ti atraía mi atención. Tú hablabas y yo escuchaba, tú decías algo gracioso y yo me reía, tú te callabas y yo te seguía observando. Nunca me imaginé lo que esa extraña conversación desencadenaría.

Después te vi en mis clases, te sentabas junto a mí. Eras el único con el que hablaba, siempre me hacías reír. Y siempre estabas de latoso despeinándome, pisándome o haciéndome algo, pero era divertido, me agradaba que lo hicieras.

Al poco tiempo empezamos a vernos todos los días, ya sea porque teníamos clases juntos, porque teníamos que hacer alguna tarea, porque teníamos que estudiar para algún examen o simplemente porque teníamos ganas de vernos. Yo te buscaba y tú me buscabas, yo sabía dónde encontrarte y tú sabías dónde encontrarme. Fue entonces cuando te ganaste ese apodo.

Nuestra relación llegó a un punto en el que todos, incluso algunos profesores, creían que entre tú y yo había algo más. Y era cierto, había algo más, había una conexión muy fuerte entre tú y yo. Te convertiste en mi mejor amigo.

Pero pasó el tiempo, ya no te sentabas junto a mí, ya no te veía en mis clases. Ya tampoco nos veíamos todos los días, nuestros horarios ya no coincidían. Buscamos la manera de seguir conociéndonos y ahora nuestras pláticas eran por messenger o por celular. Cuando podíamos nos veíamos y disfrutábamos mucho de esos momentos.

Tu compañía me hacía olvidar todo. Empecé a creer que entre tú y yo podría haber algo más que sólo una amistad, empecé a sentir algo muy especial por ti. Ahora necesitaba de tu compañía, necesitaba verte, necesitaba hablarte, ahora te necesitaba.

Elegí un mal momento para necesitarte de esa manera. Nuestra amistad se convirtió en una amistad de messenger y celular. Si llegábamos a vernos ya no era lo mismo que al principio, ya no me molestabas como antes, ya no me hablabas como antes.

Hace unos días descubrí una verdad que me dolió: ya no somos amigos. No sé en que momento pasó y no sé las razones precisas de esto, lo único que sé es que me dolió perderte.

Fuiste tú ese amigo que tanto me hizo reír, fuiste tú ese amigo de quien tanto aprendí, fuiste tú ese amigo en quien tanto confié, fuiste tú ese amigo que tanto quise, fuiste tú ese amigo con quien compartí tantos bellos momentos, fuiste tú ese amigo de quien me enamoré… Fuiste tú tan especial para mí que ahora me duele decirte adiós...